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Angélica Gorodischer Angélica Gorodischer dialogó con “Radiorevista” sobre su último libro de cuentos, “Otras vidas”, obra que publicará en unos días la editorial santafesina Palabrava. “No pierdan el tiempo con libros como “50 sombras de grey”; lean a los grandes pornógrafos como Sade. La mala literatura erótica aburre mucho a la gente porque siempre pasa lo mismo”, remarcó la escritora rosarina.

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Angélica Gorodischer dialogó con el programa “Radiorevista” (Miércoles 23hs por LT10) sobre su último libro de cuentos, “Otras vidas”, obra que publicará en unos días la editorial santafesina Palabrava, el próximo 8 de mayo. La concina de este libro, los consejos para los jovenes escritores, la pornografía literaria y su amor por Rosario, fueron los temas en los que se centró la entrevista.
_ Angélica Gorodischer, ¿Cómo se dio esta posibilidad de editar con Palabrava?

_ Fue todo muy simple. Yo la conozco desde hace varios años a Alicia Barberis, a Patricia Severín y a Chela. Ellas tuvieron la bondad de regalarme los libros que lleva publicados la editorial “Palabrava” y me pareció que estaban estupendamente bien hechos. Los autores seleccionados me gustan mucho y creo que al editorial anda muy bien. Ellas me pidieron un libro y yo les dije que estaba encantada de participar. Por lo tanto, seleccione algunos cuentos, que fueron escritos en distintas épocas. Algunos son más viejitos y otros son muy recientes. Con estos diez cuentos aramos “Otras vidas”.

_ ¿Los cuentos más viejitos estaban guardados en cuadernos o en la computadora?

_Algunos habían sido publicados en una revista y otros guardados. Pero nunca habían sido publicados en un libro.

_Sabemos que el cuento que abre el libro se llama Jaboca. Me gustaría que nos cuentes cómo surgió esta historia.

_Este cuento surgió a partir del diálogo con la dueña de un negocio de Rosario. Esta mujer era muy bella, rubia y de ojos claros. Luego de charlar un rato, cosa que a mí me encanta, me contó que ella había tenido una abuela descendiente de aborígenes. Ante este dato, le dije que no me macanee (risas). Ella también sonrió y me aclaró que su papá era alemán. Luego de esta historia, mi cuento surgió fácilmente.

_Como decía un escritor norteamericano, los cuentos están en todos lados.

_ Claro. Yo tropiezo durante el día con 279 cuentos de los cuales quizás escriba uno. Antes de dormirme, en el entresueño también se me aparecen cuentos.

_Si le tuvieras que dar consejos a los escritores nóveles, qué le dirías. ¿Cuáles son tus recetas?

_Yo no daría recetas. Cuando yo comencé tenía recetas, luego las dejé de lado. Esto no quiere decir que algunos escritores no las tengan y las necesiten. Yo creo que el único y el más grande los consejos es que hay que quemarse las pestañas leyendo. Hay que leer a los grandes autores; no hay que detenerse en los pequeños. Es verdad, que cuando tiene gripe no quiere leer a Sartre. Los grandes nos enseñan a escribir, a construir diálogos, a pintar ambientes, a armar las estructuras literarias. No hay secretos en esto. Por ejemplo, no vale la pena detenerse en las novelas como “50 sombras de grey”. Estos libros están escritos sólo para ganar plata, obvio. Yo no tengo nada contra la pornografía literaria. Si uno quiere leer sobre este género, tiene que buscar a los grandes pornógrafos como el marqués de Sade. La mala pornografía sólo aburre a la gente, a la cuarta página tiras el libro y te vas a hacer las compras.

_Si bien tu DNI dice que naciste en Buenos Aires, Rosario es tu ciudad.

_Yo soy rosarina de pura cepa (risas). Toda la familia de mi mamá es de Rosario. Yo nací casualmente en Buenos Aires. Yo me crié y fui a la escuela en Rosario. Si uno quiere escribir tiene que vivir en ciudades como Rosario (risas). Yo no podría vivir en Buenos Aires. Yo no podría perder dos horas y media para ir al trabajo y volver ¿En qué momento escribiría? Rosario es una ciudad ideal para escribir, con una escala humana.

_ ¿Estás escribiendo un libro en este momento?

_ Estoy escribiendo una novela. No puedo adelantarles nada sobre la misma. Todavía está en ese estado gelatinoso que una no sabe si se va a cumplir o no el plan que una trazó.