Share

dLuego de interpretar al Presidente del Consejo de Ministros de Italia en Il Divo y a un senador del PDL en Bella Addormentata, el actor Toni Servillo le presta nuevamente su cara a un político en la película Viva la libertad. Se trata de una adaptación de la novela El trono vacío, escrita por Roberto Andò, quien también dirige el film. Esta obra se puede ver en el Cine América.

Enrico Oliveri (Toni Servillo), secretario del principal partido de la oposición en Italia, entra en una crisis que deriva en estado depresivo debido a la pérdida de confianza tanto de sus compañeros como del electorado. Luego de saber que va último en los sondeos y tras ser duramente criticado en un mitín, no puede más con la presión y abandona sus compromisos refugiándose en París, en casa de Danielle, un amor del pasado que nunca logró olvidar. Su asesor, Bottini, intenta salir del paso sustituyendo a Enrico por Giovanni (también interpretado por Toni Servillo), su hermano gemelo, un filósofo que acaba de salir de un psiquiátrico ya que es bipolar y padece delirio interpretativo de la realidad. El resultado es un éxito porque el falso Enrico recupera la confianza del electorado, logrando ser el primero en popularidad de cara a las futuras elecciones. Esto lo consigue merced a un discurso más apasionado, poético, lúcido y, sobre todo, más cercano a los problemas reales del pueblo.

Giovanni: ¿Habemus homo politicus?

En el inicio de la película vemos a Enrico atravesando los diferentes sectores del edificio donde dará un discurso, un lugar frío y cuya disposición semeja una cárcel. Su rostro en primer plano denota tedio y pesadumbre. Va custodiado por su asesor y por otra mujer del partido. En todos los planos lo vemos en el medio de estas dos figuras, que parecen carceleros que lo conducen a una celda. Los personajes no caminan sino que marchan. Mientras vemos a estas tres figuras de espaldas bajo una iluminación que los hace parecer oscuros espectros, sobreimprime en rojo el título del film Viva la libertad. En ese momento Enrico deja caer su maletín e inesperadamente pide ir al baño. Estas primeras imágenes tienen el valor de mostrarnos cómo se siente el personaje en el mundo en el que se mueve y dan pistas sobre su futura “fuga” hacia la tan anhelada libertad.

 

Mientras que Enrico es un político frío, burocratizado y alejado de los problemas del pueblo, su hermano Giovanni es un filósofo apasionado por la vida, un hombre que, pese a su supuesta enajenación de la realidad, está más cerca de comprender a la gente, más cerca de la realidad social.

 

Al ser reemplazado Enrico por su hermano Giovanni comienza una especie de pas de deux en el que se muestran, mediante un uso sistemático del montaje alterno, las peripecias de los dos hermanos, Enrico en Francia y Giovanni en Italia, proceso que finalizará en una especie de “curación” del hermano aparentemente “sano” gracias al accionar de su hermano “delirante”. Sanación que se producirá a nivel de su vida privada y que le permitirá regresar a las arenas de la vida pública.

A lo largo de la película Giovanni, en su rol de falso político, dará entrevistas, discursos, conferencias con sus compañeros de partido, en los que predomina la expresión poética. En una escena les recita a sus pares un haiku: “Es primavera, sutil velo de niebla. Circunda también la montaña sin nombre. ¿Es la mía, esa figura de espalda que se aleja en la lluvia?”.

Esto resulta interesante porque su personaje funcionará a modo de haiku, poesía japonesa en que predominan la naturaleza y la vida cotidiana de la gente con un estilo que realza la naturalidad, la sencillez y la asimetría (podríamos pensar en la bipolaridad de nuestro protagonista) para sugerir LIBERTAD. Y Giovanni, como los haikus, tiene una percepción muy directa de las cosas, un apego a lo sensible que lo llevará a una gran popularidad entre el pueblo. Este tipo de poesía japonesa surge de una emoción profunda despertada por la naturaleza que puede ser tanto melancólica como exultante (nuevamente pensamos en la bipolaridad de Giovanni). Y en el desenlace, su destino coincide con la descripción de los haikus como “una mera nada, pero profundamente significativa” ya que para que esa emoción profunda sobreviva, es preciso que el poeta (en este caso el falso político) se elimine del proceso. Su meta será enseñar el camino a un desarrollo espiritual, un camino de vida para el despertar de los sentidos, de la naturalidad, de la autenticidad, de extinción de la vanidad y del yo. Y es la misión de Giovanni para la vida no sólo de su hermano sino también de Bottini, de otros copartidarios y del electorado en general. En una entrevista con el Presidente de Italia pronuncia: “Ser o no ser. Ese es el problema. Es mejor que ocurra como si nosotros hubiéramos ya desaparecido. ¿O desaparecer del todo para volver a ser?”.

Enrico: último tango en París

Enrico, en Francia, irá eliminando su impostura, sus encorsetamientos gracias a varias causas, una de las cuales es lo que irá leyendo y viendo en los medios de comunicación masiva sobre las palabras, las acciones y la repercusión en la gente del accionar de Giovanni. Otra de las causas será su rencuentro con el mundo del cine, su pasión de juventud, y su rencuentro con Danielle, su antiguo amor, quien no por casualidad es una script girl, encargada de la continuidad y la coherencia de los planos de una película y quien, como si estuviera en un set de filmación, ayudará a nuestro protagonista a reconfigurar y a volver a darle un sentido a su vida. De hecho, lo lleva a un set y empieza a trabajar de ayudante de escenografía, cargando con muebles, empieza literalmente a tomar contacto con las cosas. Y no sólo eso, sino que logra tener sexo con Mara, una chica del set, algo que aparentemente no hacía desde un largo tiempo. Poco a poco va liberándose. Mara antes del encuentro amoroso lo describe con precisión: “Pareces alguien que ha perdido alguna cosa” y esto es exactamente lo que le sucede a Enrico, un ser que perdió la capacidad de apasionarse, de disfrutar de las pequeñas y las grandes cosas de la vida.

Giovanni funciona, como mencionamos anteriormente, a modo de haiku y no es casual que otra de las causas de la “sanación” de Enrico sea su encuentro con la filosofía oriental encarnada en el personaje del marido de Danielle, el reconocido cineasta Mung. Él es quien comenta que: “En el fondo, la política y el cine no están alejados. Son dos mundos en los cuales el engaño y el genio coexisten. Y a menudo es difícil distinguirlo”. Y es claro que Mung está en contra del engaño tanto en el cine como en la política, ya que se encarga de mostrarle a Enrico un video de Fellini con el propósito de decirle: “Fellini es el artista que más que nadie ha luchado para que la indecencia no se convierta en hábito. Cuando los canales de televisión fueron a espiar su muerte, la verdadera misión era la de anunciar el fin de un mundo y el nacimiento de este nuevo ciclo. La política como invención permanente de la realidad, como impostura. Ella me ha chocado Enrico, ella es el testimonio de un quiebre que involucra a todo el mundo”.

Enrico va cambiando en cosas que irán desde lo más trivial a lo más profundo: se destiñe el pelo, se saca los anteojos, empieza a conectar con la gente, a hacerse amigos, a tener sexo, comienza a sonreír. Luego de ejecutar su último tango en París, volverá a Roma transformado para retomar la vida pública. Porque justamente ese es el tema que recorre toda la película: el cambio para lograr la ascesis, para alcanzar una práctica encaminada a la liberación del espíritu y al logro de la virtud.

 

Título original: Viva la libertà

Año: 2013

Duración: 94 minutos

País: Italia

Director: Roberto Andò

Guión: Roberto Andò, Angelo Pasquini

Reparto: Toni Servillo, Valerio Mastandrea, Valeria Bruni Tedeschi, Michela Cescon, Anna Bonaiuto, Eric Nguyen, Judith Davis, Andrea Renzi