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VioletteMainEl director Martin Provost nos presenta Violette, su segundo biopic tras el éxito de Séraphine (2008), una obra que nos acerca a la vida y obra de la escritora Violette Leduc con una destacable reconstrucción de época. El film se puede ver en el Cine América.

La película relata un período de la vida de Violette Leduc desde fines de la Segunda Guerra Mundial, momento en que vivía escondida y traficando comida en el mercado negro junto al escritor Maurice Sachs, hasta 1964, fecha de publicación de La Bastarda, novela que la llevó al éxito tras una serie de fracasos editoriales. La cinta hace hincapié en la intensa relación que la protagonista entabla con Simone de Beauvoir, a quien conoce tras su regreso a París en la inmediata posguerra.

 

Del dolor y la creación

Violette Leduc fue una de las grandes literatas francesas, aunque no de las más conocidas. Provost intenta y logra, a lo largo de las más de dos horas de duración del film, convencernos de la importancia de la impronta de esta autora, quien bajo el género de la autobiografía novelada, se atrevió desde los años 40 a los años 60 del siglo pasado, en una sociedad conservadora como la francesa, a hablar de temas como el aborto y el lesbianismo. Temas sobre los que escribía como exorcización de sus propios fantasmas y que la transformaron en un emblema de la lucha feminista sin que ella se lo propusiera, abriendo el camino a una sexualidad femenina más abierta, a una liberación de los derechos de las mujeres y a que temas como el aborto dejaran de ser considerados tabú. Valores fundamentales para una gran parte de la población femenina que le era coetánea, generación que exigía cambios, una menor censura y una mayor libertad sexual.

El biopic está dividido en siete actos que toman el nombre de personas que influyeron en la vida de Violette, actos que pasean al espectador por gran parte de la intelectualidad francesa de la época: Maurice Sachs, Simone de Beuvoir, Jean Genet, Albert Camus, Jean – Paul Sartre, Jacques Guérin, entre otros. Todas estas unidades narrativas estarán atravesadas por tres ejes que serán las temáticas claves de la película: el primero de los ejes es la cuestión del arte como sublimación y redención; el segundo, la relación entre la protagonista y Simone de Beauvoir; y por último, el tema de la creación artística.

En cuanto al primero de los ejes, es clave el inicio del film. Vemos la pantalla en negro y se escucha la voz en off de Violette, quien pronuncia: “La fealdad en la mujer es un pecado mortal. Si eres bella, eres a la que miran en la calle por su belleza; si eres fea, eres a la que miran por su fealdad”. Con una sola frase tenemos una idea de la opinión que tiene la protagonista de sí misma, tanto de su aspecto físico como de su personalidad, así como también de su perspectiva vital, qué es lo que le depara el destino en tanto ese ser que es y que desprecia.

A esa primera frase, le siguen unas primeras imágenes oscuras, una fotografía “sucia”, con un travelling cámara en mano muy agitado que sigue a Violette corriendo, escapando con una respiración agitada y movimientos desesperados, mientras escuchamos los ladridos de los perros que la persiguen. Ahora es la imagen quien nos ofrece un primer acercamiento a la tortura existencial, al desconcierto y a la vorágine que padeció esta autora a lo largo de su vida.

Luego, en el transcurso del film, la protagonista nos irá detallando a través de sus escritos la razón de sus sufrimientos: un padre que nunca la reconoció, una madre que nunca la quiso ni le demostró el menor afecto y una serie de amores no correspondidos. En resumen, su problema será el de no sentirse amada y es por esto que su vida será una lucha constante por ser querida y aceptada.

En sus palabras, que siempre escuchamos leídas en off: “Miedo a morir, desconsolada por haber nacido; nadie me quiere, siempre sola, nada cambia”. Pero a través de sus acciones el espectador puede ver que ella no muestra un verdadero interés por las personas que la rodean, sólo pide que la amen y someterse a una obsesiva dependencia emocional que roza lo enfermizo. Nuevamente la voz en off detalla: “Soy un desierto que monologa” “Me iré como llegué. Intacta, cargada con los defectos que me torturaron. Habría querido nacer estatua. Soy una babosa bajo mi estiércol. Virtudes, cualidades, valor, meditación, cultura. Me crucé de brazos y me astillé contra esas palabras”. Pero de esa angustia permanente por el rechazo de los otros y principalmente por su propio autorechazo, nacerán sus obras más fuertes y reconocidas, siendo Simone de Beauvoir quien confíe en la capacidad de Leduc para sublimar y convertir en obras de arte aquellas sensaciones que la hubieran llevado a una completa autodestrucción.

La escritura le servirá como desahogo, como salvación, a través de la transformación del dolor en belleza, de la sublimación de su angustia vital en poesía. Los títulos de algunas de sus obras son ilustrativos al respecto: La asfixia, La hambrienta, La bastarda, La locura en la cabeza, La caza del amor. El mensaje final de la película es de algún modo tranquilizador, ya que vemos que esta escritora atormentada por sus experiencias vitales logró a través de la escritura liberarse, dentro de lo que le es posible a cualquier ser humano, de los traumas que no la dejaban vivir, y también ser reconocida, “aceptada y querida” por el público al ganar La Bastarda el premio Goncourt, galardón que antes había obtenido su “madrina artística” Simone. En general, la puesta en escena es asfixiante y la fotografía de la película es oscura, haciéndose luminosa en momentos puntuales como cuando Violette encuentra en la campiña francesa la tranquilidad para escribir y finalmente también la calma necesaria para vivir.

El segundo tópico clave, es la relación que se entabla entre Violette Leduc y Simone de Beauvoir. Ésta se convierte en su mecenas, en la persona que ayuda a progresar como escritora y como persona a Violette, quien no puede evitar enamorarse de Simone, obsesionándose con ella y sufriendo por su rechazo en tanto amante, reproduciendo ad infinitum esa lucha por un amor no correspondido y que siempre se le vuelve imposible. El film las presenta como dos polos opuestos: de Beauvoir es disciplinada, fría, teórica, segura y prestigiosa mientras que Violette es caótica, temperamental, pragmática, insegura y marginal. Ambas coinciden en la pasión por la escritura y en la lucha feminista aunque la primera lo es por decisión y convencimiento y la segunda lo es inconscientemente, por pura supervivencia.

Es interesante ver el desarrollo de esta relación que el film muestra como distante y conflictiva pero a la vez plena de admiración mutua. Fue Simone la que supo ver el talento de Leduc, quien se autodespreciaba pero sin embargo supo aferrarse a quien le estaba ofreciendo la primera oportunidad que parecía haber recibido en la vida: publicar en la afamada editorial de Albert Camus.

Con respecto al tema de la creación artística, es clara la postura de Provost, ya que al igual que Séraphine de Sentis, la protagonista de su anterior biopic, Violette Leduc es una artista sin formación previa, intentando demostrar que la creatividad se tiene o no, siendo un don innato que no se aprende en instituciones académicas, dejando implícitamente el mensaje de que la educación lo máximo que puede lograr es un perfeccionamiento del talento. El cineasta parece decirnos que la creación es un misterio, la obra de un genio aislado y escindido del mundo, adhiriendo a las teorías románticas decimonónicas sobre la creación y el artista. En palabras del director: “Los escritores suelen ser personajes solitarios porque la escritura requiere un gran compromiso, es un trabajo que aparta del mundo”.

Autores del artículo: María Eugenia Chaia y Fernando Muñoz

Título original: Violette

Año: 2013

Duración: 132 minutos

País: Francia

Director: Martin Provost

Guión: Martin Provost, René de Ceccatty, Marc Abdelnour

Reparto: Emmanuelle Devos, Sandrine Kiberlain, Catherine Hiegel, Olivier Gourmet, Olivier Py, Jacques Bonaffe, Nathalie Richard, Stanley Weber, Fabrizio Rongione