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La actriz reflexionó sobre su protagónico en el film “La mujer sin cabeza”. También, recordó sus comienzos en el off Corrientes de la mano de Javier Daulte y resaltó lo importante que fue para su carrera su trabajo en “Montecristo”.

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_ ¿Cómo nació tu pasión por el teatro?

_ Cuando yo terminé el secundario estudié psicología. Te recuerdo que yo vengo de un hogar de clase media y el título universitario era lo que se esperaba de mí. Paralelamente a la universidad estudiaba teatro en la escuela de Hugo Midón. Cuando me recibí como psicóloga me di cuenta que el ejercicio de la profesión no era lo mío. Por aquellos años yo me entusiasmé mucho con el teatro pero no tanto con la idea de ser actriz. Y al tiempito, aparece otro maestro en mi vida que es Ricardo Bartis y me propone dar clases de teatro en su escuela. Por lo tanto, las clases de teatro se transformaron en mi sustento material.

 

_El sportivo teatral (escuela de teatro de Bartis) es un espacio con un gran prestigio en lo que a educación actoral se refiere.

 

_ El sportivo teatral es un espacio con mucho rigor en relación la formación del actor. Pero no es un lugar para nada solemne y académico. El sportivo teatral hace mucho hincapié en la improvisación y en el juego. Haciendo un paralelismo con el fútbol, es un lugar que conjuga goce y rigor. Yo encontré en el sportivo teatral un lugar para vincularme al teatro de una manera más sólida.

 

_ ¿Cuándo comenzaste a actuar profesionalmente?

 

_Esto ocurrió en el año 1995, en el ámbito independiente. Yo trabajé en la primera obra que escribió y dirigió Javier Daulte, que se titulaba “Faros de colores”. En aquella puesta, compartí el escenario con Carlos Belloso. Con Javier Daulte se me abrió otra situación en relación a la actuación. Daulte no me conocí y comenzó a demandarme líneas actorales muy nuevas para mí. Recuerdo que él me exigía muchas situaciones vinculadas al humor y al disparate. Con Javier hice “La Escala humana”, “Nunca estuviste tan adorable” y ahora estamos haciendo “Un dios salvaje”. Con Daulte tenemos un largo camino recorrido.

 

_ Otro punto de inflexión en tu carrera fue el ingreso a la TV. Leía en algunas entrevistas, que tenías cierto prejuicio por el mundo de la TV.

 

_ Yo tenía cierto prejuicio por lo que escuchaba sobre el mundo de la TV. Yo pensaba que con mi carácter y personalidad no iba a ser feliz estando en la TV. Sin embargo, cuando entré a Montecristo, fui tratada con mucha generosidad. Mis compañeros, que eran personas con mucha trayectoria en la TV, tuvieron mucho respeto por mí trayectoria teatral. Esto me brindó mucha confianza para trabajar. Yo estoy muy agradecida del personaje que me tocó en aquella novela. Aquella border que construí (Leticia) tuvo mucho reconocimiento tanto de la crítica como del público.

 

_Usted se destacó en un elenco que estaba plagado de actores talentosos con papeles interesantes.

 

_ Creo que al ser una actriz desconocida para el público hizo que muchos me prestaran más atención. Los guionistas me armaban situaciones muy estimulantes. También, fue muy fuerte lo que ocurrió con el papel de Horacio Roca (el padre Pedro). Aquel año gané el premio Clarín (a la mejor actriz de telenovela) y el Martín Fierro (a la revelación). Realmente, me sorprendió mucho que mis compañeros se alegraran por lo que me estaba pasando. Se dio una situación muy especial. Recuerdo que había capítulos de Montecristo donde mi personaje ocupaba el 50% del tiempo. La verdad es que fue una experiencia muy fuerte para mí. Yo gané mucha confianza con este trabajo. Montecristo fue importante para mi carrera.

 

_ Ahora, me gustaría llevarte a tu experiencia como actriz de cine. Tuviste la suerte de ser convocada por una de las directoras más importantes de los últimos tiempos para hacer un protagónico, en “La mujer sin cabeza”.

 

_ La historia de esta película tiene ribetes de telenovela porque yo hice el casting mientras estaba trabajando en Montecristo. Paralelamente al casting, me convocaron para hacer “Muerte de un viajante”, con Alfredo Alcón y yo acepté. A la semana me entero que había sido elegida para hacer la película. Por lo tanto, yo tenía que elegir entre dos proyectos de calidad y emblemáticas para cualquier actor. Por un lado era hacer un texto de Arthur Miller con Alcón y por el otro ser dirigida por Lucrecia Martel, en un protagónico excluyente. No podía hacer las dos cosas porque la película de Martel se rodaba en Salta y significa dos meses intensivos de trabajo. Entonces le dije que no a Lucrecia. Pero por suerte, la película se postergó y a los 7 meses me volvieron a contactar. Fue muy doloroso dejar “Muerte de un viajante” peor no podía dejar pasar esta oportunidad. Yo no me hubiera ido de la obra de teatro por ninguna otra propuesta. Creo que mis compañeros me comprendieron. Yo pienso que Lucrecia Martel es una de las mejores directoras del mundo. Ella maneja el lenguaje cinematográfico de una forma muy particular. Recordemos que aquella película contaba con la producción de Pedro Almodóvar y participó del festival de cannes. Fue muy fuerte para mí hacer esa película. Yo pensaba todo el tiempo que si no estaba a la altura de la circunstancias podía llegar a perjudicar a Lucrecia. Ese personaje estaba en un estado alterado pero nunca estallaba. Era un desafío actoral. El personaje tenía que tener un vínculo con la cámara muy particular. Hoy veo la película y estoy muy conforme con lo que pasó. La verdad es que fue un trabajo muy exigente. Un actor en teatro tiene más control de lo que hace, en cine la cosa es muy distinta. La verdad es que fue una experiencia maravillosa. El año 2007 fue re intenso para mí.

 

_ En esta oportunidad, te trae a Santa Fe la puesta de Javier Daulte de “Un dios salvaje”, obra de Yasmina Reza. ¿Qué reflexión te merece esta experiencia?

 

_ Los conocedores de la obra de Yasmina Reza aseguran que es la pieza dramática más interesante por la complejidad del tema que plantea. La historia que cuenta la obra es la de dos matrimonios que se juntan para discutir porque el hijo de uno de los matrimonios le pegó en los dientes al niño de la otra pareja. En esta discusión, estos matrimonios que parecen civilizados comienzan a desplegar una violencia mucho peor a la de los niños. El concepto de la obra refiere a que este Dios salvaje creo a sus seres indomesticables. Es una obra que tiene un humor muy ácido que reflexiona sobre los hijos, la pareja, la educación, el matrimonio, el vínculo entre las personas. Es muy interesante la química que se generó entre cuatro actores que venimos de distintos palos. Estamos muy felices de poder girar con esta obra y llegar con esta propuesta artística a los espectadores del interior del país.

Fuente: Notife/Intervista