Dizzi Gillespie y los tangos con la orquesta de Osvaldo Fresedo

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En esta oportunidad, nuestro Gourmet, Roberto Maurer, rescata el viaje de Dizzy Gillespie a la Argentina y recuerda la invitaciA?n que le hizo Osvaldo Fresedo para tocar con su Orquesta TA?pica. El encuentro entre el jazz y el tango quedA? registrado en un disco que 40 aA?os despuA?s fue reeditado en CD.

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La sobriedad de Fresedo contrasta con el gesto humorA?stico, casi disparatado, del trompetista. Pero mA?s allA? del exotismo de la pose gillespiana -nada raro en A?l, que en su gira por el norte de Africa se habA?a calzado los atuendos de un bereber-, el hombre de tango y el hombre de jazz pertenecA?an a sensibilidades musicales diferentes. Se ha hablado mucho de las similitudes entre dos mA?sicas portuarias, del siglo XX, sA?lidamente situadas por propios mA?ritos en el corazA?n de la modernidad. Pero tambiA?n podrA?a seA?alarse la oposiciA?n entre las formas cerradas y bA?sicamente camarA?sticas del tango y la celebraciA?n repentista y libre del jazz, entre el lirismo de ascendencia peninsular y los ritmos proliferantes de raA?z africana.

El encuentro Fresedo-Gillespie, ahora editado junto a otras piezas no tan interesantes en Rendez-vous porteA?o (Acqua Records), no oculta ni neutraliza esos contrastes. Al contrario: en ellos radica el interA?s de la reuniA?n. Por una vez en la vida, un grupo de argentinos muy afortunados, que tal vez fueron a tomar una copa a Rendez Vous sin mayores expectativas, fueron testigos de una cita inusual. AhA? estaba Fresedo, anfitriA?n, con material propio y de compositores afines, con una orquesta siempre definida como el plus ultra de la elegancia. El sonido de aquel plantel fue producto de un acuerdo entre el pulso firme que reclamaba el baile popular y ciertas sutilezas de instrumentaciA?n que la especie se animA? a ensayar a partir de los aA?os veinte, cuando Fresedo era, junto a CobiA?n y De Caro, un modernista del tango. A su lado, Gillespie, el virtuoso de la trompeta, el compaA?ero de Charlie Parker en la avanzada del bebop, el improvisador de la boca a punto de estallar en escalas brillantes.

Las cuatro tomas en vivo del solista y el director, pertenecientes a la colecciA?n del investigador Oscar del Priore, son toda una curiosidad y, en algA?n sentido, un anticipo de futuros experimentos de fusiA?n, siempre un poco problemA?ticos. El resultado es interesante en el popular Vida mA?a, y cobra cierta intensidad en Preludio N 3 de Roberto Pansera (a la sazA?n, orquestador de Fresedo) y en Capricho de amor, de Roberto PA?rez Prechi.Es evidente que el mayor riesgo lo corriA? Gillespie. DebiA? vA?rselas con progresiones armA?nicas que, si bien no presentaban dificultades para uno de los artA?fices de la armonA?a moderna en jazz, no eran las habituales de su repertorio. Lo mismo ocurrA?a con las acentuaciones rA?tmicas y los diseA?os formales de las piezas. Pero Gillespie no se achicA?. Expuso los temas con precisiA?n, se atreviA? a jazzificar levemente las partes que correspondA?an a las variaciones y cerrA? cada obra con un solo a modo de cadenza, con la orquesta esperA?ndolo para el A?ltimo acorde. Finales prometedores, invitaciones a otras mA?sicas.Fresedo, por su parte, estaba en la gloria. Su antigua obsesiA?n por ampliar la plantilla instrumental de la orquesta tanguera -supo incorporar vibrA?fono, saxo alto, arpa y trompetas en los primeros aA?os de la tA?pica- encontrA? en Gillespie el arte del solista. Por una vez, el bandoneA?n y el violA?n renunciaron al protagonismo a favor de la trompeta. Si bien no puede decirse que la amalgama haya sido perfecta -un aire entre hollywoodense y mexicano recorre las versiones, sin llegar a sonar kitsch-, el gusto orquestal del tanguero y el fuego del jazzman salvaron las cosas.

A?QuA? los llevA? a tocar juntos? Contra lo que pueda suponerse, el encuentro no fue un capricho de dos mA?sicos cA?lebres deseosos de entremezclar sus nombres en la historia. Hay otros datos que quizA?s ayuden a comprender mejor las motivaciones de una y otra parte. Ya en 1920, junto a Enrique Delfino y Tito Roccatagliata, Fresedo viajA? a los Estados Unidos, donde grabA? varios tangos y escuchA? mucho jazz melA?dico al estilo Paul Whiteman. De regreso en Buenos Aires, frecuentA? las partituras de George Gershwin, a la vez que grabA?, con su orquesta tA?pica mA?s algunos pistones (trompetas), unos cuantos fox-trots, two-steps y cosas por el estilo. Fresedo nunca fue indiferente al jazz, o al menos a lo que A?l entendA?a por jazz.Por parte de Gillespie, el interA?s por la mA?sica latinoamericana -con toda la vaguedad de esa categorA?a- venA?a manifestA?ndose desde mediados de los 40, con los trabajos con percusionistas cubanos. Gillespie llegA? a Buenos Aires con su formidable big band en julio de 1956, para brindar una serie de conciertos en el teatro Casino de la calle MaipA?. No tenA?a mucha informaciA?n sobre la mA?sica popular del paA?s receptor, pero su espA?ritu inquieto le aconsejA? tutearse con las tradiciones porteA?as. AprendiA? a tomar mate, disfrutA? de unos cuantos asados y, lA?gicamente, pidiA? escuchar tangos. Su glotonerA?a musical no conocA?a lA?mites. Todo le interesaba: un instrumento del Magreb, un tambor africano no mediatizado por la cultura americana, las congas de Machito… y, desde luego, el tango argentino.Sin reparar en las luchas entre tradicionalistas y modernistas que sacudA?an el jazz de los aA?os 40 y 50, el encuentro Fresedo-Gillespie tuvo el encanto de los autA?nticos diA?logos culturales. Hubo una actitud desinteresada de escuchar al otro sin abandonar lo propio, en un tiempo en el que aA?n se cuidaban celosamente las identidades de cada gA?nero musical. Y eso no fue todo. Aquella cita en Rendez Vous tendrA?a una derivaciA?n indirecta: el contacto de Gillespie con un joven mA?sico de jazz que solA?a frecuentar la boite de Fresedo. El joven se llamaba Lalo Schifrin, dirigA?a la mejor orquesta de jazz de la Argentina y aA?os mA?s tarde trabajarA?a como pianista y arreglador del conjunto de Gillespie. Felices coincidencias, en el tiempo y en el espacio.Las grabaciones rescatadas trasuntan la alegrA?a con la que mA?sicos y oyentes se entregaron a un verdadero concierto para trompeta y orquesta de tango. En un juego doble, el oyente de hoy percibe la atenciA?n sorprendida del oyente de 1956. Las entradas de Gillespie, los matices de la orquesta, los breves pasajes solistas del piano, la casi imperceptible actuaciA?n de los bandoneones: hay algo ficcional y bizarro en esas grabaciones, verdadero diario de viaje de un explorador que, sin otra arma que su trompeta, visitA? el paA?s del tango.

Fuente: Diario ClarA?n

Autor del texto: Sergio Pujol

MA?s info: http://www.cancionero.net/articulos/articulo.asp?t=dizzi_gillespie_and_osvaldo_fresedo_rendez_vous_porteno_reunion_de_gigantes&n=74