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La cineasta dialogó con el programa “RadioRevista” sobre “Cordero de Dios”; película que la hizo acreedora de 4 premios Condor. La hija del director de “Operación Masacre” contó el arduo trabajo que le llevó hacer su ópera prima.

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-Me gustaría comenzar la nota preguntándote sobre la gestación de tu obra, ya que por lo que leí, “Cordero de Dios” no tuvo un parto fácil, sino más bien todo lo contrario. ¿Fue así?

-Me llevó dos años escribir la película, en los cuales redacté 33 versiones del guión. Conté con la ayuda de dos colaboradores, en dos momentos diferentes, que fueron muy importantes para mí. También, conté con diferentes laboratorios de guión y de escritura, como el de Casa de América, en Madrid, o el del festival de Sundance, donde la película terminó ganando el premio al mejor guión. Pero antes de ganar el premio, tuve la dicha de conocer allí al guionista de JFK. Cuando este hombre leyó el guión me dijo que tenía una película muy buena pero que podría ser excelente. En ese momento, comenzamos a revisar el guión juntos y volví a armar la película. El problema que tenía el film en ese punto era que estaba contada con mucha frialdad y mucha distancia, y esto le restaba.

-Los que vieron el film o leyeron el reparto del mismo, saben que tuviste el lujo de tener un elenco de actores excelentes. ¿Cómo fue la selección y el trabajo con los actores?

-Primero que nada, tengo que decir que recibí el apoyo de una productora de lujo como es Lita Stantic, quien es una de las grandes mujeres del cine nacional. Gracias a ella, pude hacer un casting largo, exhaustivo, con muchas pruebas, errores y búsqueda. Yo se que no todos los cineastas tienen esta posibilidad y lo remarco porque es muy interesante hacer esta experiencia. Habría que hacer un llamado gremial entre los cineastas y reclamarle a los productores que permitan llevar a cabo este tipo de trabajos porque al final es mejor para la película. Por el hecho de haber vivido la mayor parte de mi vida en Francia, conocía muy poco a los actores argentinos y no tenía prejuicios con ellos. Para darte un ejemplo, conocía muy poco a Mercedes Morán. Por lo tanto, mientras buscábamos el dinero para hacer la película, fui mucho al teatro y vi mucho cine nacional. Luego de esta etapa, hice muchas pruebas con actores. Yo estoy muy agradecida con los actores que se prestaron al ejercicio y no quedaron seleccionados. La verdad es que estoy muy contenta con el resultado y muy agradecida con los actores que interpretaron los personajes de la película.

-Lo primero que llama mucho la atención en el film, antes de sentarse a verlo, es el título. Podrías contarnos como trabajaste este concepto que está cargado de una fuerte connotación religiosa.

-Para empezar, me gusta la idea de que un mismo nombre pueda remitir a un montón de cosas. La película está construida como un milhojas, ya que la figura del cordero aparece en distintas circunstancias, resignificada constantemente. Desde situaciones muy concretas, como la presencia de una niña en el parto de un cordero que nace muerto, a la cual el abuelo le trae como regalo un corderito de peluche, y toda la función, casi de género policial, que va a cumplir ese corderito de peluche en el film. Esta búsqueda de diferentes lecturas me gusta mucho. También, es cierto que la figura del cordero de Dios, es clave en los textos antiguos, de la cultura judeo-cristina en la que yo me críe. A mí me pasó algo muy loco, ya que yo fui a una escuela laica en Francia y soy hija de padres ateos – revolucionarios, por lo tanto, durante muchos años estuve lejos de la Biblia. Y cuando estaba estudiando historia me di cuenta que no podía desconocer este texto. Cuando lo leí entré en pánico, porque ese texto que yo pensaba desconocer estaba presente en los mandatos, en los refranes, en los prejuicios, en los temores, en toda mi cultura. Pareciera como que me lo metieron en la mamadera cuando era chiquita y yo me enteré que lo sabía a los 25 años. Por lo tanto, me sirvió para entender parte de mi cultura. Y finalmente, la figura del Cordero de Dios nos remite a la redención, a la vida después de la muerte, al enroque entre Dios y Abraham. En fin, a muchas de las temáticas medulares de esta película.

– Quien tuvo la suerte de ver el film sabe que la historia que se cuenta y el punto de vista desde el cual está narrada es muy interesante, muy profunda. Luego del arduo trabajo que te llevó realizarla y de la buena recepción que tuvo en el público y en la crítica, que la galardonó con cuatro premios Cóndor, ¿Cuál es tu reflexión sobre el mensaje que deja la obra?

– La película cuenta la historia de una familia que se ve atravesada por dos secuestros, en dos momentos claves de la historia Argentina, como es uno ocurrido en el 78’ y otro en el 2001. A partir de un secuestro por razones políticas y otro por cuestiones económicas, esta familia tiene la oportunidad de revivir algunas cuestiones y saldar algunas cuentas pendientes. La película comienza con el secuestro de un viejo y el espectador está todo el film expectante por si este hombre se salva o no de sus captores, y que harán sus familiares para resguardar su vida. En este sentido, no deja de ser una película de acción, de género. Hay un personaje de la película que yo quiero mucho, que es la amiga chilena de Teresa (que está divinamente protagonizado por Mercedes Morán), que le dice en un momento del film: “Aprovecha ahora que tu viejo está vivo, porque con los muertos es poco lo que se puede hacer. Te mereces darte una oportunidad”. Yo creo que como pueblo nos merecemos otra oportunidad. Un papanata, me dijo que yo ponía en pié de igualdad dos secuestros por razones muy diferentes. Yo no equiparo los secuestros, pero si estoy convencida que la vida de las personas vale lo mismo en cualquier circunstancia. Yo estoy convencida de que con los vivos todo es posible. Esta no es una película sobre el perdón pero si sobre el deseo de ponerse en el zapato del otro para comprender las situaciones que le tocó vivir y atravesar. Yo intenté ponerme en la piel de los personajes para no construirlos a algunos buenos y a otros malos, sino con sus grises y sus matices.

Autor: Luciano Lazzarini